Capitán Gonçalves

De todas las cosas del ‘Tito’ que uno puede atesorar cuando repasa su legado la que más me sorprendió siempre fue su mirada profunda. Parecía que en esa transparencia se reflejaban todas las historias que te contaba, siempre viéndote con firmeza tanto te hablaba de los paisanos del interior como de cuando tuvo que marcar al máximo goleador europeo sin saber quién era.

“Una vez fuimos a hacerle una visita al escritor Paco Espínola con Franklin Morales, entonces fumando tabaco criollo tomándonos una grapita y mate amargo, empezamos a charlar y es impresionante lo que este hombre te podía enseñar con cuatro palabras, y resulta que le comento que no puedo entender cómo la gente, así como lo aplaude, lo insulta al rato. -Es muy fácil – nos dice -la gente los ve como dioses y los dioses no pueden fallar. Después de escuchar esas palabras no voy a decir que aceptaba con mucho cariño el insulto, pero comencé a comprender a la gente un poco más”

No era fácil con semejante palmarés tener más anécdotas que títulos, pero con Goncalves pasaba, su piel estaba marcada de gloria. Su partida es la sinécdoque del Peñarol que no va a volver, es la certeza de que nunca va a haber otro igual y que da lo mismo cuántos lo intenten.

 

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Capitán Gonçalves

Lo que perdimos

Explican algunos autores que la ‘fe poética’ consiste en algo así como dejarse engañar, lograr momentáneamente la suspensión de la incredulidad, guardar por un rato el sentido crítico, vivir la ficción y entonces mirar una pantalla convencido durante varias horas que Al Pacino volvió de Sicilia para agarrar la empresita familiar.

Con el hincha de Peñarol esa suspensión de la incredulidad se volvió una marca registrada, bendecido por los frutos, aferrándonos a que el último minuto de un partido podía ser más que suficiente para revertir una historia, era nuestro dogma, creíamos probable lo que para otros era imposible. Nunca se nos ocurrió la duda y como si se tratara de una obra de teatro sabíamos que era lógico pasar de un 0-2 a un 3-2 o de un 1-3 a un 4-3 en una ráfaga. Los finales felices eran inevitables.

En los nuevos tiempos las cosas dejaron de sorprendernos, pero ahora en la peor manera posible, una credulidad casi patológica; el efecto de creer que cualquier cosa es posible se desfiguró llevándose consigo la sensación de sorpresa. Se nos fue la mano y a esa incredulidad que pausábamos para dejarnos llevar por las sensaciones le encajamos cuatro tiros en la frente y encontramos algo que es primo hermano de la resignación, ya ni se nos ocurre dudar de que las cosas que estamos viendo sean reales.

No es la esperanza, no es la ilusión, no son los sueños, ni siquiera la expectativa o el interés; la primera gestión del Peñarol que viene será devolverle al hincha la capacidad de sentirse sorprendido. Reencontrarse con esa sensación de no poder creer algunas cosas y algunos cosos que se ven adentro y afuera de la cancha, de no poder creer que el equipo termine antepenúltimo en un torneo, de no poder creer que los campeonatos pasen con suerte una vez cada cuatro años.

En una introspección uno se plantea ¿Cuándo se terminó de romper todo en pedacitos tan chiquitos? Será cuando contratás doce jugadores por temporada y te explican que ese tal Bosselli es rapidísimo y te piden que no juzgues a Avalos antes de verlo, será cuando en la cancha solo te falta la musicalización para ser un sketch de Benny Hill, será cuando la bipolaridad de Damiani se profundiza según lo que lee en redes sociales, será cuando se va a completar el cartón con el ‘Cebolla’, será cuando vuela una garrafa…

Seguramente sea un poco de todo, pero cuando la única acción relacionada con Peñarol que me nació en los últimos seis meses fue solicitar el formulario de baja de socio, porque hasta para este texto de catarsis hizo falta que me empujaran un poco, hay que empezar a ser sincero con uno mismo y darse cuenta que llegó el límite.

Por si fuera poco, empezás a leer más crónicas policiales, informes de juzgados y comunicados de prensa que resúmenes de partidos. ¿Habrá cambiado tanto Peñarol o lo que cambió fue mi percepción?

Me hartaron las espaldas anchas, me hartaron los hombres de la casa, me hartaron el saber llevarlos y el no quemarlos, me hartaron el gerente deportivo y el director de fútbol y el director deportivo y el secretario de fútbol, me hartaron las alianzas electorales y la nueva gestión, me hartaron las apuestas de la dirigencia, me hartaron los entrenadores con los que ya está todo arreglado pero con los que todavía no se ha hablado, me hartaron los que juegan como hinchas, me hartaron los mejores planteles del medio, me hartaron de prometerme la Asamblea para rever los derechos de los socios de segunda, me hartaron la comisión de contrataciones y la comisión de seguridad y la comisión de fútbol y la comisión de análisis de arbitrajes y el ministerio de andares tontos, me hartaron los del Frente Popular de Judea y los disidentes del Frente Judaico Popular.

Me aburrieron. Y después el aburrimiento se torna desinterés, el desinterés se vuelve frustración, la frustración se transforma en angustia, la angustia te hace sentir cómplice. Sí. Ahí. Exactamente en ese punto es dónde y cuándo todo se rompe, cuando te sentís cómplice de toda esa mierda. Y de verdad cuesta encontrarle la vuelta. Este Peñarol logró llevar el hastío hasta el plano en que no sorprenda un Paco Presidente, un Rosario Martínez DT o un Nicolás Freitas titular.

Ojalá en un día cercano podamos volver a no creer lo que estamos viendo, aún cuando siga pasando, porque ese será el inicio del largo camino de regreso.

Lo que perdimos